Ausangate

Principal

Chamanismo Inca
Cursos y Terapias
Calendario de Eventos
Fotos
Videos
Contacto
El Apu, el que ordena.
< Volver a Chamanismo Inca

En la cuspide de la jerarquia de las entidades del mundo-otro, se encuentra el apu. El apu es el espiritu del cerro (urqu): no tanto en cuanto el cerro esté habitado por un espiritu, sino mas bien en el sentido de que el cerro es un apu, un espiritu tutelar, un jefe.

En esta region de topografía muy accidentada, el cerro ordena la naturaleza y la vida social. El cerro define la distribucion de las especies animales y vegetales, desigualmente repartidas sobre sus flancos, la distribucion de los pueblos y de las zonas de produccion agricola. Basta con pasar un abra (cima), rodear una cima, para apreciar hasta que punto, en los Andes mas que en cualquier otra region montañosa, el espacio esta fragmentado y diversificado. Nuevas especies de plantas, una temperatura diferente, un suelo mas o menos rocoso marcan para el viajero el acceso a un universo insospechado, que la montaña habia ocultado anteriormente. En cada abra se descubre un nuevo horizonte, una naturaleza de un nuevo orden.

Así el apu es quien segmenta, quien clasifica, quien imprime su orden en el paisaje. El apu "ordena" el mundo, es decir que a la vez "pone un orden", organizando la vida sobre parcelas de terreno discontinuas, y "da ordenes", instaurando una ley que, si es inflingida por los hombres, conduce al desorden. Es así, "el que manda".
El apu no crea, "anima", lleva cualquier cosa a su realizacion.

"El Dios que invoca el Indio representa sobre todo una fuerza eficaz que anima y sostiene no solo al hombre, sino al conjunto de los animales y de las cosas para que se realicen y sean lo que su naturaleza los habia destinado a ser, es decir, que el hombre cumpla su funcion de hombre, la llama la de llama y el campo la de campo; nada de lo que existe es verdaderamente inanimado desde el momento en que corresponde a su propia naturaleza" (Taylor).

Se trata entonces de una animacion en el sentido en que ella debe permitir a cada objeto devenir "plenamente él mismo", realizar su naturaleza.

Los mitos recogidos por Oscar Nuñez del Prado en Q'ero y por Juan Nuñez del Prado en Qotobamaba, indican que el ruwal, que en este caso es identificado sobre todo con el Ausangate, la cumbre mas alta del sur andino, es un "hacedor de mundos". "Un dia, el Roal, o espiritu creador, Jefe de los Apus, les pregunto si querian que les legara su poder. Llenos de soberbia, respondieron que tenían el suyo y no necesitaban otro. Irritado por tal respuesta, creó el sol y ordenó su salida. La Tierra se volvió inactiva y los Apus decidieron forjar nuevos seres. Crearon a Inkarí y Qollarí, un hombre y una mujer llenos de sabiduria. Dieron al primero una barreta de oro y a la segunda una rueca, como símbolos de poder y laboriosidad". (Nuñez del Prado, 1958).

Es preciso comprender la palabra ruwaq, "hacer", en un sentido diferente de "crear". El apu o ruwal, no es un "creador original", que habría hecho surgir el mundo a partir de la nada. Él le da forma, mas bien, utilizando un material ya disponible. La naturaleza, tal como la observamos, es el resultado de una transformación, querida por él.

Así, el apu no es solamente un principio superior del orden natural. Sus prerrogativas se extienden a la cultura. El apu domina, desde su altura, toda actividad humana. Mas aún: la determina en amplia medida porque, en las sociedades pastoriles de Ausangate, el mundo se mueve dentro de los estrechos limites impuestos por las condiciones naturales. Es el protector de los pueblos instalados sobre sus flancos.

El apu es dueño y poseedor de todas las cosas, dentro del limite del territorio puesto bajo su autoridad. Se le consulta con frecuencia, desde el altar o misa del chaman altumisa, quien tiene el poder de invocarlo y de hacerlo venir. La naturaleza del apu de "ordenar" y "animar" se le llega a llamar criador de hombres o pastor de hombres. El Apu, pastor sobrenatural, proporciona a los hombres de las Tierras Altas el ejemplo de lo que deben esforzarse por devenir.

De "Ladrones de sombra, el universo religioso de los pastores de Ausangate" por Xavier Ricard Lanata.

< Volver a Chamanismo Inca

 

© 2014 Creado por Águila del Norte